23 jul. 2014

Enésimo discurso de un distraído…


Supongo que hubo días mejores, días de árboles marchitos que crecían bajo la sombra de algunas nubes, cuando los cuervos no volaban por quedarse arrastrando en la hojarasca.

Hubo noches de calabozos, con calaveras y grilletes, con antorchas y ratas en mi celda, un buen día cuando nos vayamos de aquí diré: "ya extrañaba el cargar con mis penas", con los recuerdos nefastos de amores desdichados, un buen día esto terminará y no volveremos más.

Estoy en ti, entre el humo negro de tu mirar, con viento frío meciendo las ramas y aumentando mi dolor. No fuimos más que calaveras, deterioradas y empolvándonos en el suelo terroso de una cueva. 

Dime en dónde estás e iré por ti, caminando con cansancio y moviéndome entre las sombras, entre tu nombre, en las deshoras de lo inoportuno que fui, martillando besos y escalofríos en tu cuello, porque lo que viste no te hizo inmortal, sufriste por dentro y morirás por fuera, morirás donde estoy, porque en esta daga forjada en tu aroma descansan tus manos, descansa tu amor, descansa tú… amor.