12 jul. 2014

Delirio


Esa tarde habían pasado el tiempo juntos, como de costumbre él llevaba un cutter en su bolsillo. Ella se encontraba dormida en el asiento trasero del sedán incómodo que les habían asignado para ese servicio, él se encontraba sentado junto a ella, escuchando su suave respiración, miró sus labios callados y esos ojos que lo habían cautivado y que ahora se encontraban cerrados. Se acercó tímidamente con la intención de robarle un beso, de por una sola vez entrar al paraíso que esos labios rojos invitaban a probar, un segundo antes de ese contacto inminente, un golpe certero se le adelantó, su misma mano empuñando firmemente aquella navaja afilada, recorrió el cuello de su amada, de lado a lado, tajantemente, pero eso no la despertó, su sangre brotaba como manantial en cascada, escurriendo por todo su pecho, él la siguió mirando, enamorado de esa piel blanca teñida de rojo, le acarició la frente con una mano y se recostó sobre el asiento, fijó su mirada en el parabrisas, sumergido en su delirio una voz lo incorporó a la realidad. 
— ¿Qué haces?
Volteó sorprendido y la miró allí, sentada junto a él, con esa expresión de desinterés que la caracterizaba.
— Nada, solo que ya es muy tarde ¿por qué no vuelves a dormir?.