3 ene. 2015

De las visitas inesperadas…


Básicamente esto es un recordatorio, una sugerencia y un reclamo.
Tocaron a la puerta, buscaban a un tal Axl Kink, sin embargo abrí yo. Inesperadamente fui reconocido y no por mi apariencia sino por mi risa, aunque de no haberlo sido, también mi mirada me hubiera delatado. Fue curioso hablar por tanto tiempo sin decir nada y esperando que esa charla lo fuera todo. Pensar en el pasado siempre es tenso (en su forma de falso cognado Moscosiano), y es obvio que mi texto no va a ser entendido por todos pues contiene solo un emisor y destinatario específico. Como sea mis textos son poco entendibles. Les contaba yo de aquella anecdótica situación, en la que este emisor charlaba con su destinatario en lo que llamaría yo un contexto poco idóneo, sin embargo se esperaba poco más de esto. Que las cosas no cambien después de un tiempo es esperar que los gatos sigan siendo salvajes después de 10 mil años de su domesticación, y no es que este gato-emisor haya sido domesticado, es que ha reaccionado al paso del tiempo de la forma evolutiva que Darwin hubiera esperado, con la adaptación que la selección natural sugería. 

De forma ejemplificativa les comento que si bien los gatos ya no son salvajes, todavía poseen sus garras, afilados colmillos y capacidad para atrapar a sus presas, no así el mismo carácter evasivo y huraño de forma predominante. Yo abrí la puerta y tú quisiste entrar, no es que te corra pero creo que ya conozco demasiada gente con prejuicios, bueno ¿todos los tenemos no? Y qué más da si es una opinión más, qué más da si es una reprenda más. No las necesito, no necesito recordar que por esas meras opiniones y puntos de vista he tenido que “adaptarme” a las nuevas formas de vida predominantes.

Con el paso del tiempo perdemos ciertas cualidades, características de las que nos jactábamos cuando jóvenes, y hete aquí con la vista deteriorada, con la percepción desgastada, el sexto sentido minusválido, siendo incapaz de reconocer al tigre salvaje que mató al lobo para quedarse con la piel de oveja. Si algo perdimos, fue la capacidad de asombrarnos de lo común que puede ser una vida en cautiverio, pero ¡sorpresa! ¿Acaso el cautiverio no posee también una salida? Solamente hay que pensar quien está adentro y quién está afuera de la jaula. ¿Es el tigre el que asesina al domador, o es el domador quien domina al tigre? No me gustaría verla rasguñada.  







Kink